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sábado, 4 de diciembre de 2010

FUENTES DE LA REVELACIÓN

Dios "quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2,4), es decir,
al conocimiento de Cristo Jesús (confrontar Juan 14,6). Es preciso, pues, que
Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la
Revelación llegue hasta los confines del mundo:
Dios quiso que lo que había revelado para salvación de
todos los pueblos se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas
las edades (Dei Verbum 7).
"Cristo nuestro Señor, plenitud de la
revelación, mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio
como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta,
comunicándoles así los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas,
que el mismo cumplió y promulgó con su boca" (Dei Verbum 7).
La transmisión del evangelio, según el
mandato del Señor, se hizo de dos maneras:
oralmente:
"los apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones,
transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de
Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó";
por
escrito
: "los mismos apóstoles y otros de su generación
pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu
Santo" (Dei Verbum 7).
Una parte de las verdades reveladas fue escrita por
aquellos a quienes Dios las reveló; esta parte se llama Sagrada Escritura. Otra parte Nofue escrita, sino transmitida verbalmente, y se llama Tradición.
La Sagrada Escritura y la Tradición contienen, pues, TODA LA
DOCTRINA REVELADA; y se llaman por eso las
fuentes de la Revelación.
Tanto la Escritura como la Tradición son la Palabra de
Dios, esto es, su enseñanza comprobada por milagros y profecías; con la
diferencia de que la Tradición no fue escrita por aquellos a quien Dios la
reveló; aunque después con el tiempo otras personas si pudieron escribirla,
para conservarla con mayor fidelidad.
1.   LA TRADICIÓN
"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el
Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para
que ellos, iluminados  por el Espíritu de
la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación
"
En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
Es preciso distinguir de ella las "tradiciones" teológicas,
disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en
las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran
Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas
épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquellas pueden ser mantenidas,
modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.
2.   LA SAGRADA ESCRITURA
La Sagrada Escritura es la palabra o enseñanza de Dios puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, por aquellos a quienes Dios
la reveló. En consecuencia, “tiene a Dios por autor”, como dice el Concilio Vaticano.
“Dios
es el autor de la Sagrada Escritura
. "Las verdades
reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se
consignaron por inspiración del Espíritu Santo".
"La santa Madre Iglesia, fiel a la base de los apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que,
escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como
tales han sido confiados a la Iglesia" (Dei Verbum 11).
Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados.
"En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres
elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo obrando
Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y
sólo lo que Dios quería" (Dei Verbum 11).
Los libros inspirados enseñan la verdad. "Como todo lo que
afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se
sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la
verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra" (Dei
Verbum 11).” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n. 105-107)
La Sagrada Escritura se llama Biblia (del griego biblos,
que significa libro).
La Biblia ha sido traducida (del arameo, hebreo y griego
en que fue escrita) a todos los idiomas infinidad de veces. La más célebre de
las traducciones es la Vulgata hecha por San Jerónimo (muerto en el año 420 D.C), al idioma latino, y que la Iglesia reconoce como versión oficial. Se llama vulgata porque entonces el latín era tenido como lengua popular o vulgar respecto al griego. También es célebre la traducción de los setenta, que remonta más o menos  al año 130 A.C. Es
la versión  de los libros del Antiguo Testamento, traducida del hebreo al griego, hecha según tradición por setenta sabios de Alejandría.
La
Sagrada Escritura se divide en antiguo y nuevo Testamento. El antiguo comprende
los libros escritos antes de Cristo. El nuevo los escritos después de El
.
Testamento significa pacto o alianza. La Revelación, por
las promesas que hace Dios en      ella,
y por las obligaciones que impone, es un verdadero pacto entre Dios y los
hombres.
“Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos
sentidos de la Escritura: el sentido
literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico,
moral y anagógico.
La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura
toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia.
El
sentido literal
. Es el sentido
significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que
sigue las reglas de la justa interpretación. "Omnes sensus (sc. sacrae
Scripturae) fundentur super litteralem" (S. Tomás de Aquino., s.th.
1,1,10, ad 1) Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el
sentido literal.
El
sentido espiritual
. Gracias a la unidad
del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las
realidades y los acontecimientos de que habla pueden ser signos.
El sentido alegórico. Podemos adquirir una
comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación
en Cristo; así, el paso del Mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por
ello del Bautismo (confrontar 1 Corintios 10,2).
El sentido moral. Los acontecimientos
narrados en la Escritura pueden conducirnos a un obrar justo. Fueron escritos
"para nuestra instrucción" (1 Corintios 10,11; confrontar Hebreos
3-4,11).
El sentido anagógico. Podemos ver
realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en
griego: "anagoge") hacia nuestra Patria. Así, la Iglesia en la tierra
es signo de la Jerusalén celeste (confrontar Apocalipsis 21,1-22,5).”
(CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n. 115-117)
La TRADICIÓN APOSTÓLICA  hizo discernir a la
Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos (confrontar Dei Verbum
8,3). Esta lista integral es llamada "Canon" de las Escrituras.
Comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos (45 si se cuentan
Jeremías  y Lamentaciones  como uno solo), y 27 para el Nuevo (cf. DS
179; 1334-1336; 1501-1504)




1.1  EL ANTIGUO TESTAMENTO


Los libros del Antiguo Testamento son: 
Génesis, Exodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué,
Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos
libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros
de los Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de
los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las
Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás,
Miqueas, Nahúm , Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, y Malaquías.

 

De éstos,


21 libros
son Históricos:


17 son de Historia de todo el pueblo Judío,  a saber: El Pentateuco (Génesis, Exodo,
Levítico, Números, Deuteronomio),  Josué,
Jueces, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros
de las Crónicas (o Paralipómenos), Esdras y Nehemías, y los dos libros de los
Macabeos.


4 son de Historias particulares, a saber: Rut, Tobías,
Judit y Ester.


 

7 libros
son Didácticos:
Job, los Salmos, los Proverbios, el
Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico.




18 libros
son Proféticos
: Isaías, Jeremías, las Lamentaciones, Baruc,
Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc,
Sofonías, Ageo, Zacarías, y Malaquías. Teniendo en cuenta que los profetas
Mayores son: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.




“El Antiguo Testamento es una parte de la
Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus libros son libros
divinamente inspirados y conservan un valor permanente (confrontar Dei Verbum
14), porque la Antigua Alianza no ha sido revocada.


En efecto, "el fin principal de la economía antigua era preparar la venida de Cristo, redentor universal".
"Aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros", los libros del
Antiguo Testamento dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor
salvífico de Dios: "Contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría
salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el
misterio de nuestra salvación" (Dei Verbum 15).


Los cristianos veneran el Antiguo Testamento
como verdadera Palabra de Dios. La Iglesia ha rechazado siempre vigorosamente
la idea de prescindir del Antiguo Testamento so pretexto de que el Nuevo lo
habría hecho caduco (marcionismo).” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n.
121-123)




 


1.2   EL NUEVO TESTAMENTO


Los libros del Nuevo Testamento son:


Los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan,
los Hechos de los Apóstoles, las cartas de Pablo a los Romanos, la primera y
segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los
Colosenses, la primera y la segunda a los Tesalonicenses, la primera y la
segunda a Timoteo, a Tito, a Filemón, la carta a los Hebreos, la carta de
Santiago, la primera y la segunda de Pedro, las tres cartas de Juan, la carta
de Judas y el Apocalipsis.




De estos,


5
libros son Históricos, a saber:
los 4 Evangelios (Mateo,
Marcos, Lucas y Juan) y los Hechos de los Apóstoles.


21
libros son doctrinales
, a saber: 14 Epístolas de San Pablo (a
los Romanos, 1 y 2 a los Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1
y 2 a los Tesalonicenses, 1 y 2 a Timoteo, Tito, Filemón y a los Hebreos), una
Epístola de Santiago, 2 de San Pedro, 3 de San Juan y 1 de San Judas.


1
libro es Profético:
el Apocalipsis.




“La palabra de Dios, que es fuerza de Dios
para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo
privilegiado en el Nuevo Testamento" (Dei Verbum 17). Estos escritos nos
ofrecen la verdad definitiva de la Revelación divina. Su objeto central es
Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas, su pasión y
su glorificación, así como los comienzos de su Iglesia bajo la acción del Espíritu
Santo (confrontar Dei Verbum 20).




Los evangelios son el corazón de todas las
Escrituras "por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la
Palabra hecha carne, nuestro Salvador" (Dei Verbum 18).




En la formación de los
evangelios se pueden distinguir tres etapas:




1. La vida y la enseñanza de Jesús. La Iglesia mantiene firmemente que los cuatro
evangelios, "cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo
que Jesús, Hijo de Dios,  viviendo entre
los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el
día    en que fue levantado al
cielo" (Dei Verbum 19).




2. La tradición oral. "Los apóstoles ciertamente después de la ascensión del
Señor predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella
crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos
gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad" (Dei Verbum 19).




3. Los evangelios escritos. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios
escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se transmitían de palabra o por
escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las
Iglesias, conservando por fin la forma de proclamación, de manera que siempre
nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús" (Dei Verbum 19).




El Evangelio cuadriforme ocupa en la Iglesia un lugar único; de ello dan testimonio la veneración de que lo rodea la liturgia y el atractivo incomparable que ha ejercido en todo tiempo sobre los santos:




No hay ninguna doctrina que sea mejor, más preciosa y más espléndida que el texto
del evangelio. Ved y retened lo que nuestro Señor y Maestro, Cristo, ha
enseñado mediante sus palabras y realizado mediante sus obras (Santa Cesárea la
Joven, Rich. ).



Es sobre todo el Evangelio lo que me ocupa durante mis oraciones; en él
encuentro todo lo que es necesario a mi pobre alma. En él descubro siempre
nuevas luces, sentidos escondidos y misteriosos (Santa Teresa del Niño Jesús,
ms. auto. A 83v).” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n.124-127)






Digamos una palabra sobre los símbolos con que se
representan los evangelistas, vislumbrados por el profeta Ezequiel (Ezequiel 1,
4-11). Están tomados de los hechos narrados en el primer capítulo de cada
Evangelio.


San
Mateo
empieza su Evangelio por el origen de Cristo en cuanto
hombre. Por eso se le dio por símbolo un rostro
humano.


San
Marcos
empieza por la predicación de San Juan el Bautista en el
desierto. Su símbolo es un león, animal del desierto.


San
Lucas
empieza por el sacrificio realizado por Zacarías en el
Templo, padre del Bautista. Su símbolo es un
ternero
, animal por excelencia de los sacrificios.


San
Juan

empieza con una página sublime sobre la generación eterna del Verbo. Su símbolo
es un águila, animal que se cierne
en las alturas.




Ponemos a continuación la lista de los libros sagrados, en
seguida del libro ponemos el siglo o el año en que se escribió. Cuando hay dos
fechas, la primera se refiere a los documentos más antiguos que se encuentran
en el libro, o a su primera redacción, y la segunda a su redacción definitiva,
tal como ha llegado hasta nosotros. Varios de estos libros tuvieron una
historia muy larga y complicada, y su composición, hasta alcanzar la redacción
que ha llegado hasta nosotros, duró incluso algunos siglos.




Libros
del Antiguo Testamento:


Génesis, Exodo, Levítico, Números, Deuteronomio: Siglos
XIII-VI a.C.


Josué: s. XII-VII.


Jueces: s. XI-VII.


Rut: s.VII o VI.


Los dos libros de Samuel: s. XI-VII.


Los dos libros de los Reyes: s. VII-VI.


Los dos libros de las Crónicas: s. IV.


 Esdras y Nehemías:
s. V-IV.


Tobías: s. III.


Judit: s. II.


Ester: s. IV.


I de los Macabeos: 104 a.C. aproximadamente.


II de los Macabeos: 110 a.C. aproximadamente.


Job: s. V.


Los Salmos: s. IX-IV.


Proverbios: s. X-IV.


Eclesiastés: s. III.


Cantar de los Cantares: s. IV.


Sabiduría: año 100 a.C, aproximadamente.


Eclesiástico (o Ben Sirac): hacia el año 190 a.C.


Isaías: VIII (los capítulos 40-66, s. VI).


Jeremías: s. VII-VI.


Lamentaciones o Trenos: sobre el 586 a.C.


Baruc: s. VI.


Ezequiel: s. VI.


Daniel: s. VI-II.


Oseas: s. VIII.


Joel: s. V.


Amós: s. VIII.


Abdías: s. VI-V.


Jonás: s. V-IV.


Miqueas: s. VIII.


Nahúm: sobre el 620 a.C.


Habacuc: sobre el 620 a.C.


Sofonías: sobre el 640-630 a.C.


Ageo: aproximadamente el 520 a.C.


Zacarías: años 520-518 a.C (los capítulos 9-14: s. IV), y


Malaquías: entre el 500 y el 445 a.C.






Libros
del Nuevo Testamento


Evangelio de Mateo: año 50 d.C., aproximadamente.


Evangelio de Marcos: año 55 d.C.


Evangelio de Lucas: año 60


Evangelio de Juan: sobre el año 100.


Hechos de los Apóstoles: año 63.


Carta a


los Romanos: año 58.


primera y segunda a los Corintios: 56 y 57.


a los Gálatas: 55 ó 56.


a los Efesios: entre el 61 y el 63.


a los Filipenses: sobre el 61


a los Colosenses: entre el 61 y el 63.


primera y segunda a los Tesalonicenses: 51 ó 52.  


primera y segunda a Timoteo: 64-65 y 66-67.


a Tito: 65 aproximadamente.


a Filemón: entre el 61 y el 63.


la carta a los Hebreos: aproximadamente, el año 67.


la carta de Santiago: sobre el año 49 (o bien hacia el 60)


la primera y la segunda de Pedro: 63-64 y 67.


las tres cartas de Juan: hacia el año 100.


la carta de San Judas: hacia el 63-64.


 y el Apocalipsis:
sobre el año 95 d.C.




“ "Es tan grande el
poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la
Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y
perenne de vida espiritual" (Dei Verbum 21). "Los fieles han de tener
fácil acceso a la Sagrada Escritura" (Dei Verbum 22).


"La Escritura debe ser
el alma de la teología. El ministerio de la palabra, que incluye la predicación
pastoral, la catequesis, toda la instrucción cristiana y en puesto
privilegiado, la homilía, recibe de la palabra de la Escritura alimento
saludable y por ella da frutos de santidad" (Dei Verbum 24).


La Iglesia "recomienda insistentemente a
todos los fieles...la lectura asidua de la Escritura para que adquieran 'la
ciencia suprema de Jesucristo' (Filipenses 3,8), 'pues desconocer la Escritura
es desconocer a Cristo' (S. Jerónimo)" (Dei Verbum 25).” (CATECISMO DE LA
IGLESIA CATOLICA n.131-133)








2.   EL DEPÓSITO DE LA FE CONFIADO A LA
TOTALIDAD DE LA IGLESIA




"El depósito sagrado" (confrontar 1 Timoteo 6,20; 2 Timoteo 1,12-14) de la fe
(depositum fidei), contenido en la Sagrada Tradición y en la Sagrada
Escritura fue confiado por los apóstoles al conjunto de la Iglesia.
"Fiel a dicho
depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre
en la doctrina apostólica y en la unión, en la eucaristía y la oración, y así
se realiza una maravillosa concordia de pastores y fieles en conservar,
practicar y profesar la fe recibida" (Dei Verbum 10).




          3.1 El Magisterio de la Iglesia


"El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en
nombre de Jesucristo" (Dei Verbum 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.




"El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido,
pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha
devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único
depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser
creído" (Dei Verbum 10).




Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus Apóstoles: "El que a vosotros escucha a mi me escucha" (Lucas 10,16; confrontar Lumen Gentium 20), reciben con docilidad las enseñanzas y
directrices que sus pastores les dan de diferentes formas.


 



          3.2 Los dogmas de la fe


El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente
la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone,
de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe,
verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera
definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.




Existe un vínculo orgánico entre nuestra vida
espiritual y los dogmas.
Los dogmas son luces
en el camino de nuestra fe, lo iluminan y lo hacen seguro.
De modo inverso, si
nuestra vida es recta, nuestra inteligencia y nuestro corazón estarán abiertos
para acoger la luz de los dogmas de la fe (confrontar Juan 8,31-32).




Los vínculos mutuos y la coherencia de los
dogmas pueden ser hallados en el conjunto de la Revelación del Misterio de
Cristo (confrontar Cc. Vaticano I: DS 3016: "nexus mysteriorum"; Lumen
Gentium 25). "Existe un orden o `jerarquía' de las verdades de la doctrina
católica, puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe
cristiana" (Unitatis Redintegratio 11)






          3.3 El crecimiento en la inteligencia
de la fe




Gracias a la asistencia del Espíritu Santo,
la inteligencia tanto de las realidades como de las palabras del depósito de la
fe puede crecer en la vida de la Iglesia:




"Cuando
los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón" (Dei
Verbum 8); es en particular la investigación teológica quien debe "profundizar
en el conocimiento de la verdad revelada" (Gaudium et Spes 62,7; cfr.
44,2; Dei Verbum 23; 24; Unitatis Redintegratio 4).




Cuando
los fieles "comprenden internamente los misterios que viven" (Dei
Verbum 8); "Divina eloquia cum legente crescunt" (S.Gregorio Magno,
Homilía sobre Ez 1,7,8: PL 76, 843 D).




"Cuando
las proclaman los obispos, sucesores de los apóstoles en el carisma de la
verdad" (Dei Verbum 8).






"La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros; los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas" (Dei Verbum 10,3).     (CATECISMO
DE LA IGLESIA CATOLICA n.84-90; 94-95)