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sábado, 4 de diciembre de 2010

FUENTES DE LA REVELACIÓN

Dios "quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2,4), es decir,
al conocimiento de Cristo Jesús (confrontar Juan 14,6). Es preciso, pues, que
Cristo sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la
Revelación llegue hasta los confines del mundo:
Dios quiso que lo que había revelado para salvación de
todos los pueblos se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas
las edades (Dei Verbum 7).
"Cristo nuestro Señor, plenitud de la
revelación, mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio
como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta,
comunicándoles así los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas,
que el mismo cumplió y promulgó con su boca" (Dei Verbum 7).
La transmisión del evangelio, según el
mandato del Señor, se hizo de dos maneras:
oralmente:
"los apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones,
transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de
Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó";
por
escrito
: "los mismos apóstoles y otros de su generación
pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu
Santo" (Dei Verbum 7).
Una parte de las verdades reveladas fue escrita por
aquellos a quienes Dios las reveló; esta parte se llama Sagrada Escritura. Otra parte Nofue escrita, sino transmitida verbalmente, y se llama Tradición.
La Sagrada Escritura y la Tradición contienen, pues, TODA LA
DOCTRINA REVELADA; y se llaman por eso las
fuentes de la Revelación.
Tanto la Escritura como la Tradición son la Palabra de
Dios, esto es, su enseñanza comprobada por milagros y profecías; con la
diferencia de que la Tradición no fue escrita por aquellos a quien Dios la
reveló; aunque después con el tiempo otras personas si pudieron escribirla,
para conservarla con mayor fidelidad.
1.   LA TRADICIÓN
"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el
Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para
que ellos, iluminados  por el Espíritu de
la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación
"
En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
Es preciso distinguir de ella las "tradiciones" teológicas,
disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en
las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran
Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas
épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquellas pueden ser mantenidas,
modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.
2.   LA SAGRADA ESCRITURA
La Sagrada Escritura es la palabra o enseñanza de Dios puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, por aquellos a quienes Dios
la reveló. En consecuencia, “tiene a Dios por autor”, como dice el Concilio Vaticano.
“Dios
es el autor de la Sagrada Escritura
. "Las verdades
reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se
consignaron por inspiración del Espíritu Santo".
"La santa Madre Iglesia, fiel a la base de los apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que,
escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como
tales han sido confiados a la Iglesia" (Dei Verbum 11).
Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados.
"En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres
elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo obrando
Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y
sólo lo que Dios quería" (Dei Verbum 11).
Los libros inspirados enseñan la verdad. "Como todo lo que
afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se
sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la
verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra" (Dei
Verbum 11).” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n. 105-107)
La Sagrada Escritura se llama Biblia (del griego biblos,
que significa libro).
La Biblia ha sido traducida (del arameo, hebreo y griego
en que fue escrita) a todos los idiomas infinidad de veces. La más célebre de
las traducciones es la Vulgata hecha por San Jerónimo (muerto en el año 420 D.C), al idioma latino, y que la Iglesia reconoce como versión oficial. Se llama vulgata porque entonces el latín era tenido como lengua popular o vulgar respecto al griego. También es célebre la traducción de los setenta, que remonta más o menos  al año 130 A.C. Es
la versión  de los libros del Antiguo Testamento, traducida del hebreo al griego, hecha según tradición por setenta sabios de Alejandría.
La
Sagrada Escritura se divide en antiguo y nuevo Testamento. El antiguo comprende
los libros escritos antes de Cristo. El nuevo los escritos después de El
.
Testamento significa pacto o alianza. La Revelación, por
las promesas que hace Dios en      ella,
y por las obligaciones que impone, es un verdadero pacto entre Dios y los
hombres.
“Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos
sentidos de la Escritura: el sentido
literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico,
moral y anagógico.
La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura
toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia.
El
sentido literal
. Es el sentido
significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que
sigue las reglas de la justa interpretación. "Omnes sensus (sc. sacrae
Scripturae) fundentur super litteralem" (S. Tomás de Aquino., s.th.
1,1,10, ad 1) Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el
sentido literal.
El
sentido espiritual
. Gracias a la unidad
del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las
realidades y los acontecimientos de que habla pueden ser signos.
El sentido alegórico. Podemos adquirir una
comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación
en Cristo; así, el paso del Mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por
ello del Bautismo (confrontar 1 Corintios 10,2).
El sentido moral. Los acontecimientos
narrados en la Escritura pueden conducirnos a un obrar justo. Fueron escritos
"para nuestra instrucción" (1 Corintios 10,11; confrontar Hebreos
3-4,11).
El sentido anagógico. Podemos ver
realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en
griego: "anagoge") hacia nuestra Patria. Así, la Iglesia en la tierra
es signo de la Jerusalén celeste (confrontar Apocalipsis 21,1-22,5).”
(CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n. 115-117)
La TRADICIÓN APOSTÓLICA  hizo discernir a la
Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos (confrontar Dei Verbum
8,3). Esta lista integral es llamada "Canon" de las Escrituras.
Comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos (45 si se cuentan
Jeremías  y Lamentaciones  como uno solo), y 27 para el Nuevo (cf. DS
179; 1334-1336; 1501-1504)




1.1  EL ANTIGUO TESTAMENTO


Los libros del Antiguo Testamento son: 
Génesis, Exodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué,
Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos
libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros
de los Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de
los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las
Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás,
Miqueas, Nahúm , Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, y Malaquías.

 

De éstos,


21 libros
son Históricos:


17 son de Historia de todo el pueblo Judío,  a saber: El Pentateuco (Génesis, Exodo,
Levítico, Números, Deuteronomio),  Josué,
Jueces, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros
de las Crónicas (o Paralipómenos), Esdras y Nehemías, y los dos libros de los
Macabeos.


4 son de Historias particulares, a saber: Rut, Tobías,
Judit y Ester.


 

7 libros
son Didácticos:
Job, los Salmos, los Proverbios, el
Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico.




18 libros
son Proféticos
: Isaías, Jeremías, las Lamentaciones, Baruc,
Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc,
Sofonías, Ageo, Zacarías, y Malaquías. Teniendo en cuenta que los profetas
Mayores son: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.




“El Antiguo Testamento es una parte de la
Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus libros son libros
divinamente inspirados y conservan un valor permanente (confrontar Dei Verbum
14), porque la Antigua Alianza no ha sido revocada.


En efecto, "el fin principal de la economía antigua era preparar la venida de Cristo, redentor universal".
"Aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros", los libros del
Antiguo Testamento dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor
salvífico de Dios: "Contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría
salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el
misterio de nuestra salvación" (Dei Verbum 15).


Los cristianos veneran el Antiguo Testamento
como verdadera Palabra de Dios. La Iglesia ha rechazado siempre vigorosamente
la idea de prescindir del Antiguo Testamento so pretexto de que el Nuevo lo
habría hecho caduco (marcionismo).” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n.
121-123)




 


1.2   EL NUEVO TESTAMENTO


Los libros del Nuevo Testamento son:


Los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan,
los Hechos de los Apóstoles, las cartas de Pablo a los Romanos, la primera y
segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los
Colosenses, la primera y la segunda a los Tesalonicenses, la primera y la
segunda a Timoteo, a Tito, a Filemón, la carta a los Hebreos, la carta de
Santiago, la primera y la segunda de Pedro, las tres cartas de Juan, la carta
de Judas y el Apocalipsis.




De estos,


5
libros son Históricos, a saber:
los 4 Evangelios (Mateo,
Marcos, Lucas y Juan) y los Hechos de los Apóstoles.


21
libros son doctrinales
, a saber: 14 Epístolas de San Pablo (a
los Romanos, 1 y 2 a los Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1
y 2 a los Tesalonicenses, 1 y 2 a Timoteo, Tito, Filemón y a los Hebreos), una
Epístola de Santiago, 2 de San Pedro, 3 de San Juan y 1 de San Judas.


1
libro es Profético:
el Apocalipsis.




“La palabra de Dios, que es fuerza de Dios
para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo
privilegiado en el Nuevo Testamento" (Dei Verbum 17). Estos escritos nos
ofrecen la verdad definitiva de la Revelación divina. Su objeto central es
Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas, su pasión y
su glorificación, así como los comienzos de su Iglesia bajo la acción del Espíritu
Santo (confrontar Dei Verbum 20).




Los evangelios son el corazón de todas las
Escrituras "por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la
Palabra hecha carne, nuestro Salvador" (Dei Verbum 18).




En la formación de los
evangelios se pueden distinguir tres etapas:




1. La vida y la enseñanza de Jesús. La Iglesia mantiene firmemente que los cuatro
evangelios, "cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo
que Jesús, Hijo de Dios,  viviendo entre
los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el
día    en que fue levantado al
cielo" (Dei Verbum 19).




2. La tradición oral. "Los apóstoles ciertamente después de la ascensión del
Señor predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella
crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos
gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad" (Dei Verbum 19).




3. Los evangelios escritos. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios
escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se transmitían de palabra o por
escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las
Iglesias, conservando por fin la forma de proclamación, de manera que siempre
nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús" (Dei Verbum 19).




El Evangelio cuadriforme ocupa en la Iglesia un lugar único; de ello dan testimonio la veneración de que lo rodea la liturgia y el atractivo incomparable que ha ejercido en todo tiempo sobre los santos:




No hay ninguna doctrina que sea mejor, más preciosa y más espléndida que el texto
del evangelio. Ved y retened lo que nuestro Señor y Maestro, Cristo, ha
enseñado mediante sus palabras y realizado mediante sus obras (Santa Cesárea la
Joven, Rich. ).



Es sobre todo el Evangelio lo que me ocupa durante mis oraciones; en él
encuentro todo lo que es necesario a mi pobre alma. En él descubro siempre
nuevas luces, sentidos escondidos y misteriosos (Santa Teresa del Niño Jesús,
ms. auto. A 83v).” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n.124-127)






Digamos una palabra sobre los símbolos con que se
representan los evangelistas, vislumbrados por el profeta Ezequiel (Ezequiel 1,
4-11). Están tomados de los hechos narrados en el primer capítulo de cada
Evangelio.


San
Mateo
empieza su Evangelio por el origen de Cristo en cuanto
hombre. Por eso se le dio por símbolo un rostro
humano.


San
Marcos
empieza por la predicación de San Juan el Bautista en el
desierto. Su símbolo es un león, animal del desierto.


San
Lucas
empieza por el sacrificio realizado por Zacarías en el
Templo, padre del Bautista. Su símbolo es un
ternero
, animal por excelencia de los sacrificios.


San
Juan

empieza con una página sublime sobre la generación eterna del Verbo. Su símbolo
es un águila, animal que se cierne
en las alturas.




Ponemos a continuación la lista de los libros sagrados, en
seguida del libro ponemos el siglo o el año en que se escribió. Cuando hay dos
fechas, la primera se refiere a los documentos más antiguos que se encuentran
en el libro, o a su primera redacción, y la segunda a su redacción definitiva,
tal como ha llegado hasta nosotros. Varios de estos libros tuvieron una
historia muy larga y complicada, y su composición, hasta alcanzar la redacción
que ha llegado hasta nosotros, duró incluso algunos siglos.




Libros
del Antiguo Testamento:


Génesis, Exodo, Levítico, Números, Deuteronomio: Siglos
XIII-VI a.C.


Josué: s. XII-VII.


Jueces: s. XI-VII.


Rut: s.VII o VI.


Los dos libros de Samuel: s. XI-VII.


Los dos libros de los Reyes: s. VII-VI.


Los dos libros de las Crónicas: s. IV.


 Esdras y Nehemías:
s. V-IV.


Tobías: s. III.


Judit: s. II.


Ester: s. IV.


I de los Macabeos: 104 a.C. aproximadamente.


II de los Macabeos: 110 a.C. aproximadamente.


Job: s. V.


Los Salmos: s. IX-IV.


Proverbios: s. X-IV.


Eclesiastés: s. III.


Cantar de los Cantares: s. IV.


Sabiduría: año 100 a.C, aproximadamente.


Eclesiástico (o Ben Sirac): hacia el año 190 a.C.


Isaías: VIII (los capítulos 40-66, s. VI).


Jeremías: s. VII-VI.


Lamentaciones o Trenos: sobre el 586 a.C.


Baruc: s. VI.


Ezequiel: s. VI.


Daniel: s. VI-II.


Oseas: s. VIII.


Joel: s. V.


Amós: s. VIII.


Abdías: s. VI-V.


Jonás: s. V-IV.


Miqueas: s. VIII.


Nahúm: sobre el 620 a.C.


Habacuc: sobre el 620 a.C.


Sofonías: sobre el 640-630 a.C.


Ageo: aproximadamente el 520 a.C.


Zacarías: años 520-518 a.C (los capítulos 9-14: s. IV), y


Malaquías: entre el 500 y el 445 a.C.






Libros
del Nuevo Testamento


Evangelio de Mateo: año 50 d.C., aproximadamente.


Evangelio de Marcos: año 55 d.C.


Evangelio de Lucas: año 60


Evangelio de Juan: sobre el año 100.


Hechos de los Apóstoles: año 63.


Carta a


los Romanos: año 58.


primera y segunda a los Corintios: 56 y 57.


a los Gálatas: 55 ó 56.


a los Efesios: entre el 61 y el 63.


a los Filipenses: sobre el 61


a los Colosenses: entre el 61 y el 63.


primera y segunda a los Tesalonicenses: 51 ó 52.  


primera y segunda a Timoteo: 64-65 y 66-67.


a Tito: 65 aproximadamente.


a Filemón: entre el 61 y el 63.


la carta a los Hebreos: aproximadamente, el año 67.


la carta de Santiago: sobre el año 49 (o bien hacia el 60)


la primera y la segunda de Pedro: 63-64 y 67.


las tres cartas de Juan: hacia el año 100.


la carta de San Judas: hacia el 63-64.


 y el Apocalipsis:
sobre el año 95 d.C.




“ "Es tan grande el
poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la
Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y
perenne de vida espiritual" (Dei Verbum 21). "Los fieles han de tener
fácil acceso a la Sagrada Escritura" (Dei Verbum 22).


"La Escritura debe ser
el alma de la teología. El ministerio de la palabra, que incluye la predicación
pastoral, la catequesis, toda la instrucción cristiana y en puesto
privilegiado, la homilía, recibe de la palabra de la Escritura alimento
saludable y por ella da frutos de santidad" (Dei Verbum 24).


La Iglesia "recomienda insistentemente a
todos los fieles...la lectura asidua de la Escritura para que adquieran 'la
ciencia suprema de Jesucristo' (Filipenses 3,8), 'pues desconocer la Escritura
es desconocer a Cristo' (S. Jerónimo)" (Dei Verbum 25).” (CATECISMO DE LA
IGLESIA CATOLICA n.131-133)








2.   EL DEPÓSITO DE LA FE CONFIADO A LA
TOTALIDAD DE LA IGLESIA




"El depósito sagrado" (confrontar 1 Timoteo 6,20; 2 Timoteo 1,12-14) de la fe
(depositum fidei), contenido en la Sagrada Tradición y en la Sagrada
Escritura fue confiado por los apóstoles al conjunto de la Iglesia.
"Fiel a dicho
depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre
en la doctrina apostólica y en la unión, en la eucaristía y la oración, y así
se realiza una maravillosa concordia de pastores y fieles en conservar,
practicar y profesar la fe recibida" (Dei Verbum 10).




          3.1 El Magisterio de la Iglesia


"El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en
nombre de Jesucristo" (Dei Verbum 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.




"El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido,
pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha
devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único
depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser
creído" (Dei Verbum 10).




Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus Apóstoles: "El que a vosotros escucha a mi me escucha" (Lucas 10,16; confrontar Lumen Gentium 20), reciben con docilidad las enseñanzas y
directrices que sus pastores les dan de diferentes formas.


 



          3.2 Los dogmas de la fe


El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente
la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone,
de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe,
verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera
definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.




Existe un vínculo orgánico entre nuestra vida
espiritual y los dogmas.
Los dogmas son luces
en el camino de nuestra fe, lo iluminan y lo hacen seguro.
De modo inverso, si
nuestra vida es recta, nuestra inteligencia y nuestro corazón estarán abiertos
para acoger la luz de los dogmas de la fe (confrontar Juan 8,31-32).




Los vínculos mutuos y la coherencia de los
dogmas pueden ser hallados en el conjunto de la Revelación del Misterio de
Cristo (confrontar Cc. Vaticano I: DS 3016: "nexus mysteriorum"; Lumen
Gentium 25). "Existe un orden o `jerarquía' de las verdades de la doctrina
católica, puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe
cristiana" (Unitatis Redintegratio 11)






          3.3 El crecimiento en la inteligencia
de la fe




Gracias a la asistencia del Espíritu Santo,
la inteligencia tanto de las realidades como de las palabras del depósito de la
fe puede crecer en la vida de la Iglesia:




"Cuando
los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón" (Dei
Verbum 8); es en particular la investigación teológica quien debe "profundizar
en el conocimiento de la verdad revelada" (Gaudium et Spes 62,7; cfr.
44,2; Dei Verbum 23; 24; Unitatis Redintegratio 4).




Cuando
los fieles "comprenden internamente los misterios que viven" (Dei
Verbum 8); "Divina eloquia cum legente crescunt" (S.Gregorio Magno,
Homilía sobre Ez 1,7,8: PL 76, 843 D).




"Cuando
las proclaman los obispos, sucesores de los apóstoles en el carisma de la
verdad" (Dei Verbum 8).






"La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros; los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas" (Dei Verbum 10,3).     (CATECISMO
DE LA IGLESIA CATOLICA n.84-90; 94-95)



viernes, 17 de septiembre de 2010

LA RELIGION

La palabra religión viene probablemente del verbo latino religare, que significa ligar, atar; pues la religión es el lazo que une al hombre con Dios mediante su amor y servicio. Rigurosamente hablando, la Religión es la ciencia que nos enseña el conocimiento de Dios (así como la Aritmética nos lleva al conocimiento de los números, la Religión nos lleva al conocimiento de Dios); también nos enseña los deberes que Él nos ha impuesto y los medios que nos llevan a Él.


¿Qué deberes nos ha impuesto Dios?

Dios por ser nuestro Creador nos ha impuesto tres tipos de deberes:

a) Deberes para con ÉL. Todos tenemos el deber de adorarlo y servirlo.

b) Deberes para con el prójimo. Todos debemos respetar la vida y los bienes del prójimo.

c) Deberes para con nosotros mismos. Todos debemos procurar nuestra salvación.

“Cuando le hacen la pregunta: “Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?” (Mateo 22, 36) Jesús responde: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas” (Mateo 22, 37-40) (CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA n.2055).

¿Cuáles son los medios que nos llevan a Dios?

Dios mismo nos ha manifestado ciertos medios muy a propósito para conducirnos a Él; por ejemplo: la oración, los sacramentos y las virtudes.



La Religión encierra tres elementos: el Dogma, la Moral y el Culto.

El Dogma comprende las verdades que debemos creer. La Moral, las obras que debemos practicar. Y el Culto, los medios con los cuales honramos a Dios y procuramos nuestra salvación.

Los tres elementos están compendiados principalmente: el Dogma en el Credo, la Moral en los Mandamientos, y el Culto en la Oración y los Sacramentos.



En el hombre hay tres facultades principales:

1ª. La facultad de conocer, o sea el entendimiento. Así, el entendimiento comprende que es bueno y necesario honrar a Dios.

2ª. La facultad de querer y obrar, que es la voluntad. Así, una vez que conozco que es bueno honrar a Dios, me resuelvo a hacerlo.

3ª. La facultad de sentir, o sea el corazón. Mediante ella amamos o aborrecemos, nos alegramos o entristecemos y experimentamos todos los demás sentimientos.

La Religión perfecciona todas estas tres facultades: el Dogma perfecciona el entendimiento enseñándole las verdades que debe conocer y creer. La Moral perfecciona la voluntad, enseñándole lo que debe hacer y lo que debe evitar para salvarse. El Culto perfecciona a la vez la voluntad y el corazón; la voluntad porque la fortalece mediante la gracia, la oración y los sacramentos; el corazón porque mediante las sagradas imágenes, el canto, la predicación y todas las ceremonias sagradas, hace nacer en él sentimientos de religiosidad y piedad.




RELIGIÓN NATURAL Y RELIGIÓN REVELADA



¿Cómo conocemos a Dios?

Conocemos a Dios de dos modos: por la razón y por la revelación.

a) La razón es la luz natural que Dios ha dado a nuestro entendimiento para conocer las cosas. Así, por la razón conocemos lo que es sumar, o lo que es gramática, etc. También por la razón conocemos varias verdades religiosas, por ejemplo, que hay un Dios, que tenemos alma, y que existe otra vida después de la muerte.

b) La revelación es la manifestación hecha por Dios a los hombres de algunas verdades de orden religioso; por ejemplo, que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, y que murió para salvarnos.

El conjunto de verdades religiosas que el hombre puede conocer por la simple luz de la razón, se llama Religión NATURAL.

El conjunto de verdades que Dios ha manifestado al hombre por conducto de la Revelación, se llama Religión REVELADA.



“A pesar de que la razón humana, hablando simplemente, pueda verdaderamente por sus fuerzas y su luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de un Dios personal, que protege y gobierna el mundo por su providencia, así, como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin embargo hay muchos obstáculos que impiden a esta misma razón usar eficazmente y con fruto su poder natural; porque las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles y cuando deben traducirse en actos y proyectarse en la vida exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos del pecado original. De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan fácilmente de la falsedad o al menos de la incertidumbre de las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas” (Pío XII)

Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre "las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error" (CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA n.36-38).



Dios, en efecto, NO HA QUERIDO DEJAR AL HOMBRE ABANDONADO al error, al vicio y a su propia debilidad; sino que:

a) Para librarlo del error, El mismo le ha revelado las verdades que debe conocer y creer.

b) Para librarlo del vicio, El mismo le ha determinado las obras que debe practicar, y las que debe evitar.

c) Para ayudar su debilidad, le ofrece su gracia por conducto de los sacramentos, la oración, etc.



Cristo no dijo solamente: “El que no creyere se condenará” (fe) (Marcos 16, 16), sino también: “Si quieres alcanzar la vida, guarda los mandamientos” (Mateo 19,17); y “Si uno no nace de agua y de Espíritu Santo no puede ver el Reino de Dios” (Juan 3, 5), y “Si no comiéreis mi carne no tendréis vida en vosotros” (sacramentos) (Juan 6, 54).

En consecuencia: sólo podemos conocer, amar y servir a Dios como El quiere y manda aceptando y practicando las verdades, preceptos y medios de santificación que El se ha dignado manifestarnos.







LA REVELACIÓN Ó RELIGIÓN REVELADA



La Revelación es la manifestación que Dios hace a los hombres, en forma extraordinaria, de algunas verdades religiosas, imponiéndoles la obligación de creerlas. Decimos “en forma extraordinaria” para distinguirla del conocimiento natural y ordinario que alcanzamos por la razón.



Podemos distinguir dos clases de revelaciones: la revelación pública y las revelaciones privadas.

1º. Revelación pública es la que ha hecho Dios directamente para la utilidad de todo el género humano. Por ejemplo, la hecha a Moisés en el Sinaí; y la efectuada por Nuestro Señor Jesucristo.

2º. Revelaciones privadas son las que ha hecho a algunas personas para su utilidad particular. Por ejemplo, las hechas a santa Gertrudis, a santa Margarita María Alacoque cuando Nuestro Señor le pidió el establecimiento de la fiesta del Sagrado Corazón y de la devoción de los primeros viernes.



Respecto a las revelaciones privadas conviene advertir:

a) Las revelaciones privadas no forman parte de la fe, ni enseñan verdades nuevas; sino que han sido hechas para ilustrar las verdades ya reveladas, y hacernos adelantar en la perfección cristiana.

b) La Iglesia no las aprueba sino después de maduro examen; y al aprobarlas no pretende enseñar que todo en cuanto en ellas se diga sea verdadero ni mucho menos hacerlas obligatorias. Únicamente garantiza que en ellas no se dice nada contrario a la fe católica y a las buenas costumbres.

c) No podemos despreciar las revelaciones privadas, pues en general, traen enseñanzas de gran utilidad para la vida cristiana.

d) Algunas veces la aprobación de la Iglesia no es una simple certificación de que no hay en ellas nada contra la fe y la moral; sino una afirmación de su origen divino. Esto pasa por ejemplo con las revelaciones del escapulario del Carmen a san Simón Stokc, de la devoción al Sagrado Corazón, a santa Margarita María, etc. Aunque en ningún caso llegan a ser artículo de fe.


La Revelación pública terminó con los Apóstoles; después de ellos Dios no ha revelado nuevas verdades que sean objeto de fe.



EXISTENCIA DE LA REVELACIÓN



En realidad EXISTE la Revelación. Dios ha manifestado a los hombres muchas verdades de orden religioso y moral, en el Antiguo Testamento por medio de los Patriarcas y Escritores Sagrados; y en el Nuevo Testamento, por medio de Jesucristo y los Apóstoles.

La Revelación se divide en primitiva, mosaica y cristiana.

a) La primitiva es la hecha por Dios a nuestros primeros padres y a los antiguos Patriarcas hasta Moisés.

b) La mosaica es la hecha a Moisés y a otros escritores posteriores a él hasta Jesucristo.

c) La cristiana es la hecha por medio de Jesucristo y los Apóstoles.


La revelación cristiana en el dogma, y en la moral, y en el culto es más perfecta que la primitiva y la mosaica, y un grandioso complemento de éstas.

a) En el dogma encontramos en el cristianismo reveladas con toda claridad verdades que en la religión antigua sólo fueron anunciadas en forma más o menos velada y misteriosa. Por ejemplo, los misterios de la Santísima Trinidad, la Encarnación y la Redención.

b) En la moral Jesucristo le devolvió al Decálogo su primitiva perfección. Así, volvió a establecer la unidad e indisolubilidad del Matrimonio, puntos que en la antigua alianza habían sufrido derogación y menoscabo. Igualmente lo perfeccionó en cuanto indicó el amor de Dios como motivo de todas nuestras obras; y en cuanto adicionó los mandamientos con los elevados consejos evangélicos.

c) En el culto las ceremonias de la antigua ley no eran sino una sombra y figura de los Sacramentos y ceremonias de la nueva ley, muy especialmente del Santo Sacrificio de la Misa, centro de toda la religión.



También EXISTEN los argumentos que prueban el origen divino de la Revelación.

Estos son principalmente dos: el milagro y la profecía.

El milagro es un hecho sensible y extraordinario, que supera las fuerzas de la naturaleza. Decimos que es un hecho sensible porque puede ser apreciado por la vista y los demás sentidos; que es extraordinario porque es fuera de lo normal, como la curación instantánea de un leproso; que supera las fuerzas de la naturaleza porque se ve que la naturaleza nunca tendrá poder para tanto, como por ejemplo para resucitar muertos, dar la vista a un ciego de nacimiento o restaurar en un instante los tejidos destruidos por la lepra.

La profecía es la predicción cierta de un hecho que no se puede conocer naturalmente, y que se realiza en la forma anunciada. Decimos que es una predicción cierta porque la profecía no puede ser una simple conjetura o un anuncio más o menos probable; que es de un hecho que no se puede conocer naturalmente porque depende de la libre voluntad de Dios o del hombre y, porque sólo Dios –por su sabiduría infinita- puede conocer con certeza (Cuando el hecho depende de causas naturales como por ejemplo la predicción de un eclipse, el resultado de una enfermedad, NO es profecía, porque entonces se puede prever naturalmente); y, que se realiza en la forma anunciada, pues, la profecía nada prueba si no se realiza puntualmente.



Si nos preguntaran:

1) ¿Cuál es la religión revelada por Dios?

Responderemos: la única religión revelada por Dios es la Cristiana

2) ¿Qué Iglesia tiene la verdadera religión revelada por Dios?

Responderemos: Sólo la IGLESIA CATÓLICA tiene la verdadera religión revelada por Dios. Ella la recibió de Jesucristo (verdadero Dios y verdadero hombre), y por medio de los Romanos Pontífices la ha conservado sin alteración hasta nuestros días.



1) Dios ha efectuado muchos milagros a favor de la Religión Cristiana, para probar que es revelada por El. Citaremos aquí los realizados por nuestro Señor Jesucristo para confirmar su divinidad y la divinidad de su doctrina:



a) Cristo demostró que tenía poder sobre la naturaleza: convirtiendo el agua en vino (Juan 2, 1-12), multiplicando los panes (Mateo 14,15-21), andando sobre las aguas (Mateo 14, 25-27), maldiciendo la higuera (Mateo 21, 18-20), etc.

b) También demostró que tenía poder sobre la vida humana: devolviendo la vista a los ciegos (Juan 9, 1-7), la salud a los leprosos y demás enfermos (Mateo 14, 34-36) y la vida a los muertos (Mateo 11, 5).

c) En alguna ocasión los judíos querían apedrearle porque se decía Dios e Hijo de Dios; a lo cual Jesucristo respondió: “Si no hago las cosas de mi Padre no me creáis. Pero si las hago y no queréis dar crédito a mis palabras, dádselo a mis obras (Juan 10, 22-39).



Dios también ha hecho numerosas profecías para demostrar el carácter divino de Cristo y de su doctrina. Citemos algunas:

a) Sobre el tiempo en que aparecería el Mesías, Jacob, profetizó que aparecería cuando fuera destronada la casa de Judá (Génesis 49, 10); y Daniel anunció que desde el edicto para reedificar a Jerusalén hasta el Mesías trascurrirían setenta semanas de años (Daniel 9, 24).

b) Sobre el lugar y circunstancias de su nacimiento, Miqueas predijo que nacería en Belén y de la casa de David (Miqueas 5, 1-3); e Isaías que nacería de una virgen (Isaías 7, 14).

c) Isaías predijo con propiedad las circunstancias de la Pasión y Muerte del Señor en sus capítulos 50 al 53.

d) El mismo Jesucristo hizo numerosas profecías sobre su Pasión y Muerte (Mateo 20, 17-19), la destrucción de Jerusalén (Lucas 19, 41-44), la propagación de su Iglesia por todo el mundo (Mateo 28, 16-20) y su propia resurrección (Lucas 18, 33).





2) Que la Iglesia Católica sea obra de Dios, se prueba por tres argumentos principales:



I. Su rápida difusión:



a) Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de “millares de judíos convertidos” (Hechos 2, 14). San Pablo escribe a los Romanos, veinte años después de la Ascensión del Señor: “Vuestra fe es anunciada por todo el mundo” (Romanos 1, 8). Tertuliano, célebre defensor del Cristianismo, decía hacia el año 197 DC a los gentiles: “Somos de ayer y llenamos todo vuestro imperio”.

b) El esfuerzo por difundir la doctrina de Cristo tenía que vencer gravísimas dificultades: la sensualidad y orgullo de los hombres, el poderío de los emperadores romanos y de las castas sacerdotales judías y paganas, etc.

c) No contaban con los medios adecuados para ello. Los Apóstoles no tenían ni dinero, ni influencias políticas, ni sabiduría y elocuencia humanas, ni el poderío de las armas. Antes bien, todos estos elementos estaban organizados contra ellos.

d) Contaban sí con una especialísima protección de Dios. San Marcos termina su evangelio con estas palabras, que nos dan la clave del éxito alcanzado: “Los Apóstoles partieron y predicaron por todas partes, cooperando el Señor con ellos, y confirmando su palabra con los milagros que la acompañaban” (Marcos 16,20).

En consecuencia, la admirable propagación de la Iglesia Católica es obra divina.



II. El testimonio de sus mártires

Llamamos mártires a los cristianos que soportaron tormentos y muerte por confesar la fe de Jesucristo. Su número es muy grande y de todas las edades y condición social. Entre ellos muchos ancianos, niños y jóvenes vírgenes a quienes una muerte cruel no podía menos de horrorizar; también personas que podían defenderse por las armas, pero que no quisieron hacerlo.

De ellos tengamos presente las siguientes circunstancias:

a) Sufrían los tormentos más crueles y dolorosos, como ser quemados vivos a fuego lento, ser desollados, ser mortificados durante varios días en todos los miembros de su cuerpo.

b) Sufrían estos martirios dando ejemplo de todas las virtudes, especialmente de una inalterable paciencia y amor a sus enemigos. Muchos sufrieron muerte reservada sólo a los esclavos, por eso no han quedado ni los nombres de esos mártires.

c) Sufrían con invicta fortaleza, sin que una queja escapara de sus labios; y con la circunstancia de que les bastaba una palabra para verse libres de todos los tormentos.

El martirio en estas condiciones prueba el origen divino de la Iglesia Católica, porque los mártires murieron por confesar la fe católica con una fortaleza que sólo Dios les podía infundir. Era tan evidente la intervención de Dios en estos casos, ya por la invicta fortaleza de los mártires, ya por los milagros que frecuentemente acompañaban los martirios, que a la vista de estos muchos paganos se convertían y reclamaban también la gracia del martirio. Por eso Tertuliano exclamaba: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.



III. Su prodigiosa fecundidad para el bien

Son muchas las almas que se han abrazado a la cruz de Cristo, hasta llegar al desasimiento completo de sí mismas, y al perfecto amor de Dios:

San Francisco de Asís, por amor a Cristo pobre y desnudo, llegó a enamorarse de la pobreza como ningún avaro se apasionó por las riquezas. San Francisco de Sales, Santa Teresa y otros santos hacen el voto sobremanera arduo de hacer siempre lo más perfecto y lo cumplen con fidelidad; San Alfonso, el de no perder ni un minuto de su tiempo; San Bernardo y San Ignacio de Loyola no pierden de vista a Dios un solo momento en medio de un pavoroso recargo de ocupaciones. San Alejo dura varios años como sirviente en la casa paterna sin dejarse conocer. Hay que leer la vida de los santos para ver como todos ellos han llegado a la más asombrosa mortificación y al ejercicio perfecto de las virtudes, todo por el amor a Jesucristo que era para ellos su gran tesoro. Y cuantos miles y miles de personas se consumen escondidamente y sin que nadie los conozca, en este mismo ideal de amar a Dios y entregarse a su servicio.

Pues bien, esta eminente santidad de que la Iglesia da a diario abundantes pruebas, no se puede explicar sin una ayuda especial de Dios.

sábado, 28 de agosto de 2010

VIRTUDES TEOLOGALES

Las virtudes teologales disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino. Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son tres las virtudes teologales: la fe, la esperanza, y la caridad (Confrontar 1Co 13, 13).

LA FE

La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que El nos ha dicho y revelado, y que la Iglesia Católica nos propone creer, porque El es la verdad misma.
El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella. “Hay diversas maneras de pecar contra la fe:
La duda voluntaria respecto a la fe descuida o rechaza tener por verdadero lo que Dios ha revelado y que la Iglesia propone creer. La duda involuntaria designa la vacilación en creer, la dificultad de superar las objeciones ligadas a la fe o también la ansiedad suscitada por la oscuridad de ésta. Si es cultivada deliberadamente, la duda puede conducir a la ceguera del espíritu.
La incredulidad es el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento. "Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos" (CIC, can. 751).” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n.2088-2089)

La fe, privada de la esperanza y de la caridad NO une plenamente el fiel a Cristo NI hace de él un miembro vivo de su Cuerpo (que es la Iglesia Católica), pues: la fe viva “actúa por la caridad” (Gálatas 5, 6) y “La fe sin obras está muerta” (Santiago 2, 26).

El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: “Todo aquél que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quién me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10, 32-33). Por lo tanto, “TODOS vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que NUNCA faltan a la Iglesia” (Lumen Gentium 42).


LA ESPERANZA

La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos NO en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo.

“La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del EGOÍSMO y conduce a la dicha de la caridad”. (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n.1818)

La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme, “que penetra… a donde entró por nosotros como precursor Jesús” (Hebreos 6, 19-20). Es también un arma que nos protege en el combate de la salvación (ver 1Tesalonicenses 5, 8). Nos procura el gozo en la prueba misma: “Con la alegría de la esperanza, constantes en la tribulación” (Romanos 12, 12).

La esperanza es EXPRESA y se ALIMENTA en la oración, particularmente en la del Padrenuestro, resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear.

“Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo CIERTO dudoso, y el tiempo BREVE largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios, y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin”. (Santa Teresa de Jesús)

“El primer mandamiento condena también los pecados contra la esperanza, que son la desesperación y la presunción:
Por la desesperación, el hombre deja de esperar de Dios su salvación personal, el auxilio para llegar a ella o el perdón de sus pecados. Se opone a la Bondad de Dios, a su Justicia -porque el Señor es fiel a sus promesas- y a su Misericordia.
Hay dos clases de presunción. O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas, (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito).” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n.2091-2092)


LA CARIDAD

La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Fruto del Espíritu y plenitud de la ley, la caridad guarda los mandamientos de Dios y de Cristo: "Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor" (Jn 15, 9-10; confrontar Mt 22,40; Rm 13, 8-10); "Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado" (Jn 15,12). El Señor nos pide que amemos como él hasta nuestros enemigos (confrontar Mt 5,44), que nos hagamos prójimos del más lejano (confrontar Lc 10, 27-37), que amemos a los niños (confrontar Mc 9,37) y a los pobres como a él mismo (confrontar Mt 25, 40.45).

El apóstol San Pablo ofrece una descripción incomparable de la caridad: "La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta (1 Co 13, 4-7).

La caridad asegura y purifica nuestra facultad humana de amar. La eleva a la perfección sobrenatural del amor divino. La práctica de la vida moral animada por la caridad da al cristiano la libertad espiritual de los hijos de Dios. Este no se halla ante Dios como un esclavo, en el temor servil, ni como el mercenario en busca de un jornal, sino como un hijo que responde al amor del "que nos amó primero" (1 Jn 4,19). La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión:
La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos; hacia él corremos; una vez llegados, en él reposamos (S. Agustín)

“Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios. La indiferencia olvida o rechaza la consideración de la caridad divina; desprecia su acción preveniente y niega su fuerza. La ingratitud omite o se niega a reconocer la caridad divina y devolverle amor por amor. La tibieza es una vacilación o una negligencia en responder al amor divino; puede implicar la negación a entregarse al movimiento de la caridad. La acedia o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino. El odio de Dios tiene su origen en el orgullo; se opone al amor de Dios cuya bondad niega y lo maldice porque condena el pecado e inflige penas.” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA n.2094)

lunes, 26 de julio de 2010

PROMESAS DE LA VIRGEN SOBRE EL SANTO ROSARIO

Las 15 Promesas de la Virgen María sobre el Santo Rosario, reveladas a Santo Domingo de Guzmán en el año 1.214 son las siguientes:

1ª. Aquéllos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
2ª. Prometo Mi protección y las gracias más grandes a aquéllos que recen el Rosario.

3ª. El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno, destruirá los vicios, disminuirá los pecados y nos defenderá de las herejías.
4ª. Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en sus deseos por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.

5ª. El alma que se encomiende a Mí en el Rosario, no perderá su alma.
6ª. Quien rece el Rosario devotamente y lleve los misterios como testimonio de vida, no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una muerte violenta y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios y tendrá la recompensa de la vida eterna.

7ª. Aquél que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
8ª. Aquéllos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida, en la hora de su muerte encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia; en la hora de la muerte participarán en el Paraíso por los méritos de los Santos.
9ª. Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.

10ª. Los devotos del Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
11ª. Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario, si es conveniente para la salvación de su alma.
12ª. Aquéllos que propaguen mi Rosario serán asistidos por Mí en sus necesidades.

13ª. Mi hijo me ha concedido que todo aquél que se encomiende a Mí al rezar el Santo Rosario, tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.
14ª. Son Mis niños aquéllos que rezan el Rosario, hermanos y hermanas de Mi único Hijo, Jesucristo.
15ª. La devoción a mi Santo Rosario es una gran señal de profecía.